“Nikkei”, el documental. Una conversación con la cineasta Kaori Flores Yonekura

Esta es una entrevista publicada el 18 de abril de 2011, cuando la cineasta venezolana Kaori Flores Yonekura se preparaba para el estreno del documental “Nikkei”.  El próximo 3 de octubre se proyectará la película en Japón, en el Instituto Cervantes de Tokio.

"Nikkei", el documental.

 

“Nikkei”, el documental. Una conversación con la cineasta Kaori Flores Yonekura

Kaori Flores Yonekura, cineasta nacida en Venezuela de padre venezolano y madre japonesa, ha trabajado sobre un eje temático recurrente que gira sobre la identidad latinoamericana y los derechos humanos. Su última producción “Nikkei”, no escapa a esa búsqueda de la identidad, solo que en este caso es una mirada más íntima y personal.

La palabra “nikkei” se usa para designar a los descendientes de japoneses. Además de compartir los orígenes étnicos hay lazos culturales, sanguíneos, de costumbres y de valores que los unen.

El documental es un seguimiento a los nipones que se vieron forzados a buscar trabajo en ultramar, la migración japonesa a América Latina, la historia de sus abuelos cuando llegaron al Perú y las vicisitudes que pasaron. El sentimiento antijaponés durante la Segunda Guerra Mundial y la búsqueda de una vida mejor y digna en tierras venezolanas.

Flores Yonekura realizará un pre estreno de la película, en Venezuela, para recaudar fondos destinados a los damnificados del desastre del 11 de marzo de Japón. La realizadora llega a la cita (vía Skype), y me cuenta que ha tenido un día muy agitado, “estoy casi sin garganta”, dice.

 

Es inevitable que te pregunte sobre el terremoto del pasado 11 de marzo. Tú no podías comunicarte con tus familiares en Japón, pero usaste las redes sociales para pedir ayuda

Sí, no podía hacerlo por teléfono. Entonces publiqué un post en Facebook y en Twitter pidiendo por favor a quien fuese si tuviera la oportunidad de llamar al número de mi tío en Yamanashi. Un chico desconocido, un peruano llamado Fukuda, logró hablar con él, también amigos que viajaron a Japón para hacer reportajes y una chica en España se comunicó con otra en Japón para que lo haga. Fue maravilloso, mi tío se sintió muy querido.

“Nikkei” es tu primera producción larga

Digamos que sí, he realizado documentales de 52 minutos para televisión, pero creo que este es mi primer largometraje cinematográfico, dura 80 minutos.

¿Qué te motivó a hacer la película?

La desmemoria

¿Y por qué Nikkei como título?

Fíjate que una cosa lleva a la otra. Hubo un momento en mi vida, hace unos tres años, una experiencia muy fuerte que no sabía manejarla. No entendía muy bien por qué hacía las cosas de una determinada manera. Comencé a ensimismarme y a hacerme preguntas, sentí que mi cosmovisión era distinta, que la forma de ver o sentir era un poco diferente al común de la gente que me rodeaban y me afectaban de otra manera. Me di cuenta que había situaciones que se repetían en mi familia y no sabía por qué. Creí que faltaban cosas en mi memoria y comencé a investigar sobre mi identidad.

¿Pero tú tenías en claro tus orígenes, sobre la parte materna japonesa?

De la parte paterna sí, porque vivo en un país pluricultural, plurinacional y multiracial. Sin embargo, aunque compartí más con la familia materna no sabía de donde venían. Mis abuelos (japoneses) no contaron mucho y no se tocaba el tema. Dijeron que emigraron porque no era buena la situación de Japón.

Antes de esto ¿cómo entendías el concepto nikkei?

No lo sabía, no sabía qué era ser nikkei. Ahora entiendo por que mi sistema de valores es como es.

¿Cómo fue trabajar en 3 países para construir la historia del documental?

Conseguir el financiamiento no fue muy complejo. Pero Japón fue un poco complicado para mi, allá los costos son altos para una producción latinoamericana independiente. Ellos están acostumbrados a trabajar con cadenas de televisión establecidas y que tienen presupuestos no tan modestos como el nuestro. La embajada de Venezuela en Japón me apoyó para contactar a nikkeis que me ayudaron. Una chica venezolana me prestó su casa y así pude mantener la producción. Lo que me impactó fue el llegar, todo tan distinto. Creo que estaba muy acostumbrada a nuestro desorden latino. Me gustó la experiencia, entender que aunque los japoneses son como son y les funciona su modo de vida, son increíbles. Hay poco o ínfimo margen de improvisación, con poco tiempo disponible para las entrevistas. No fue fácil conseguir un especialista en la Restauración Meiji que me permitiera entrevistarle. Se rompió mi utopía, me sentí muy latinoamericana.

En Perú fue más sencillo. Mi productor es Hugo Shinki, peruano, de Mullu Producciones. A través de él se consiguieron las entrevistas a muchos nikkeis, poder grabar en el AELU, en la Asociación Peruano Japonés, en el museo. También Elizabeth Lino Cornejo, quien publicó un libro muy bello sobre la Hacienda San Agustín del Callao.

Pero Venezuela fue difícil. Una de mis tías fue muy solidaria. Para entrevistar a una japonesa que estuvo confinada en una hacienda para prisioneros durante la guerra había que pedir permiso a toda la línea masculina de la familia, fue angustiante. Aprendí mucho y entendí el papel de la mujer en la sociedad japonesa y de cómo es el amor en Asia.

¿La producción final ha mantenido la línea de tres tiempos en que se divide la película?

Sí, es la base del guión. Aunque yo lo llamo capas. La primera capa es la historia formal. La segunda es la de los documentos y la tercera son testimonios que corroboran, no descartan esa primera ni segunda capas. Sin embargo, esta base la alimenté con elementos estéticos que le dan emocionalidad, algunos planos largos, haikus, canciones como “Hotaru no hikari”. Las tres capas son la base de la construcción histórica, una columna de hierro que luego se adorna, se pinta…

¿Los dos últimos años dedicados en exclusiva al documental?

Sí, dos años solo con él, más seis meses de financiamiento previo y cuatro meses de escritura argumental e investigacion. En total casi tres años.

Entonces ¿es un ejercicio de memoria para quienes comparten la misma ascendencia?

Sí, espero que se sienta que la historia de cada uno se refleja ahí.

¿Es una película personal?

Sí, es una película personal, es un ensayo, es un documental de ensayo.

¿Conseguiste encontrar respuestas?

Sí, me siento muy bien. Cuando lo terminé estaba tan exhausta que dormí 18 horas seguidas. Pero ahora me siento distinta, siento que puedo manejarme mejor a mi misma. Creo que la identidad es lo que hace más fuerte a las personas.

Tu experiencia como cineasta se refleja en temas de derechos humanos, latinoamericanismo y ahora identidad…

Bueno, siempre ha sido sobre la identidad latinoamericana. En Venezuela surgió algo llamado desarrollo endógeno, desde adentro. Para ello a nivel audiovisual era importante vernos a nosotros mismos. Entonces el documental cobró mucha importancia en mi país en los últimos diez años. El tema de la identidad ha sido constante para mi.

¿Una mirada interna como nación?

Exactamente y es interesante, primero conocerse a si mismo, para desarrollarte como ser humano y como país, y además conocer al otro que convive contigo. En “Somos” trabajé para darle imagen audiovisual a 35 pueblos indígenas de mi país, compartí mucho tiempo con ellos. El tema indígena me gustó. Por ejemplo la etnia de los Añú, en el Lago Maracaibo, mantienen las costumbres de los Añú pero cuando hablan de sí mismo lo hacen en tercera persona. Entonces ahí te das cuenta del trabajo sobre identidad que hay que hacer, que digan yo soy añú, que se identifiquen consigo mismo y con su lengua. Creo que esa es mi función como cineasta, más allá de estar en un mundo de entretenimiento. Imagínate, estaba trabajando por la identidad de un montón de gente y no sabía quién era yo, y me enteré a los 33 años… (risas).


Contestando a usuarios lectores:

Gracias a Erika Nakasone, Mónica Miyashiro, Javier Roque, José Matsuda, Carlos Tanaka, Juan Takahashi y Yuri Rodriguez por la participación.

¿Crees que los nikkeis tienen bandera?

No sé si bandera, creo que tenemos un país flotante. No somos ni de aquí ni de allá, es una nación que flota entre nosotros, que nos identificamos entre nosotros y nos diferenciamos de los demás aunque tengamos cosas en común.

¿Cuál es el aporte de los nikkeis al mundo?

Casos puntuales no sé como decirlos, conozco a nikkeis extraordinarios. Pienso que la forma como nos educan con estos sistemas de valores, con nuestro trabajo diario es el aporte como ciudadanos. No importa si eres una increíble poetisa o cultura como Doris Moromisato o si eres como mi abuela que hacía muñecas para poder vivir cuando llegó a Venezuela. Creo que lo importante es tu día a día, lo que haces de tu tiempo diario, con tu trabajo, si es honesto y es constante. Son historias mínimas pero que hacen nuestra historia como comunidad

¿Hablas japonés?

Poco, pero entiendo más. De pequeña veía programas grabados de la televisión japonesa que le enviaban a mi abuela. De grande estudié japonés porque quería ir a Japón. Pero tuve la oportunidad de poder asistir a la Escuela Internacional de Cine y Televisión San Antonio de los Baños en Cuba, así que me fui a estudiar cine.

 

Autor: Kike Saiki

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